Llegó en un momento crucial de mi vida, yo harta de todo y de todos. Después de haber pasado infiernos donde no entendía que estaba pasando todo era demasiado para mí, parejas destrozadas a mí alrededor, sufrimiento de familia, amistades suspicaces, demasiadas noches, demasiado alcohol y vicio a mi alrededor, que me hacía sufrir demasiado porque era gente que me importaba realmente.
Fue como si te regalaran un campo lleno de flores de todos los colores alumbrado por el sol, un atardecer de verano en la playa más amplia que exista, un arco iris inmenso después de la tormenta, una luna llena que se ve muy grande porque está muy cerca, brisa de aire fresco….
Todo empezó más o menos como cualquier otra historia de amor, que se ven, se miran, se gustan, quedan, llegan a conocerse y se enamoran hasta tal punto, que creen ser la persona que el destino les tenía preparada para compartir el resto de sus vidas. Parecía todo tan perfecto era todo tan bonito tanta comprensión.
Compartimos tantas miradas cómplices, risas, locuras, tonterías, sonrisas mezcladas con lágrimas, todo de la emoción (oh sus ojos emocionados los más bonitos que vi nunca). No lo podíamos evitar, era tan bonito esas miradas, increíble todo lo que podían decir, no hacía falta ni hablar, era amor de verdad de ese que nunca había sentido, aprendí a expresar así un poco más mis sentimientos, aprendí a decir palabras de amor sincero sin que me diera vergüenza, darle todos mis abrazos y besos vamos los que no le di a nadie nunca y tardaré en dar porque todo otra vez se me ha vuelto para atrás, es como un volver a empezar.
Luego ya fueron saliendo nuestras cosas en fin, que no compaginábamos simplemente cada uno quería tirar por sitios distintos y de forma distinta, cada uno tenía sus gustos aunque coincidiéramos en algunos pero no bastaron, ni el más grande amor pudo con todo eso. Poco a poco, se fue truncando todo y enmarañando nuestra felicidad.
No supe amarle eso es cierto, aunque le quería con todo mi ser y como nunca amé a nadie, se me fue de las manos, cuanto más me daba más quería yo, porque más miedo tenía de perder lo que nadie antes me había dado, el tampoco supo como hacerlo.
Fui muy feliz eso sí y siempre lo recordaré, me hizo sentir tan niña, amiga, su cómplice y mujer. Era como si supiera en cada momento lo que yo necesitaba, lo que deseaba que hiciera, él lo hacia. Fui la que ansiosa y feliz esperaba al cartero todos los días, qué alegría cuando llegaba, tan dichosa y orgullosa de tenerle a mi lado.
Me lo dio todo y sin pedir nada a cambio, su amor, su alma, su casa, sus cosas, su tiempo, su vida entera, y yo a él también, pero tal como vino se fue, quitándomelo todo también, no lo hizo de la mejor manera y fue todo un sufrimiento y un no entender nada, hoy quizá ya entienda algo más y comprenda que todo en esta vida pasa por alguna razón. Tenía que pasar así y no de otra manera.
Le odie, le lloré, le desprecié, le amé más aún si se puede, le grité en silencio que volviera, le volví a llorar, y no dejaba ni un minuto del día de pensar en él y en su regreso. Orgullosa, de poder sentir así, tanto amor por alguien cuando se lo mereció y cuando no.
Fue una historia muy bonita con un final no feliz. Y al final con lo que me quedo es con todo lo bueno que vivimos y que sentimos. Así es la vida....
Píchi te la debía, ya que nunca
te llegó mi carta, ni otras cosas.
Mucha suerte en tu vida
y que seas muy feliz,
te lo deseo de todo corazón.
“Duende del Sur” Chambao
*Nuestra Canción*
I want to know what love is


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